Durante siglos, los maestros Zen japoneses han cultivado los jardines de rocas dispuestas armoniosamente en conjunción a la grava rastrillada, de esta forma, realizan la creación de paraísos en silencio para la contemplación pacífica.
Y sin lugar a dudas mediante la contemplación de un jardín Zen en miniatura, lograremos por un instante la tranquilidad, y la conexión con las sensaciones más simples y bellas de la vida.